Grim fandango
No me he muerto, no me he cansado de la página, no me he ido, no he enfermado, no me ha pasado nada… Ehm, en realidad es eso último lo que explica la paralización de la página y la consiguiente bajada del ranking de Google de la palabra “nosolomusica”, ya que estos días estoy ¡en la quinta página! Incluso por detrás de páginas que ni siquiera existen. Me voy a calmar.
De todas formas creo que, desde que he estado ausente, han pasado cosas demasiado importantes. No voy a hacerme eco de la noticia del Windsor, paso de recordaros que hoy es el día de San Comercialín, aquí no os hablaré de cosas que estén de moda sólo porque estén de moda. Hay cosas importantes en la vida, deberíais saber que ‘Tómbola’ está pendiente de un regreso a la televisión y vuestras vidas están intactas por la ajenidad a la noticia y yo me desvivo en un sinvivir por ello. Me voy a calmar.
¿Por qué todos los programas que me gustan empiezan bien y acaban mal? ‘Homo zapping’ ya no hay quien lo vea, se volvió chabacano y estúpido hasta la saciedad en cuanto tuvieron éxito; ‘Buenafuente’ comenzó aceptablemente (sus anteriores programas en TV3 fueron mucho mejores) en Antena 3 y ahora me da pereza ver su programa por culpa de las entrevistas, que son demasiadas y aburridas; ‘Caiga quien caiga’ está claro que su anterior etapa fue mejor pero, aunque me gustó el comienzo de hace varias semanas, han empeorado notablemente (no puedo creer que Déborah Ombres haya perdido toda su ironía sólo por pisar una cadena en abierto, ¿dónde está toda esa agresividad que tenía en MTV?); ‘7 vidas’ sin Javier Cámara es un pastelería con productos sin azúcar y sin Blanca Portillo ya es sin chocolate; ‘Versión española’ cada vez pone películas peores. En la televisión se supone que, cuanta más competencia exista, más aumenta la calidad de los programas… ¿cómo? ¡Pero si cada vez son peores! Pues eso digo yo. Entonces la teoría se invierte: en televisión, cuanta más competencia exista, más se degradarán los contenidos. ¡Hostias! ¡Pero si muy pronto Canal Plus será en abierto! ¡Y además van a conceder varias licencias de televisión más! Siento verdadero pánico, este país, como diría el padre del chico raro de ‘American beauty’, va directo al desastre. Pongo pies en polvorones (Gomaespuma dixit) y, repito, me voy a calmar.

Siento que un juego de ordenador ha cambiado un poco mi vida estos días. Se llama ‘Grim fandango’ y a los que habéis jugado os traerá pesadillas a la cabeza ya que es un juego imposible de solucionar sin una guía. De todas formas, su decorado es tan espectacular que me da igual la dificultad del juego. Tanto es así que estos días sólo he jugado para ver el decorado y los paisajes que, después de tantos años de su lanzamiento, siguen asombrándome asombrosamente. Para mí, antes de comprarme el juego, el art déco era la cima del Chrysler, el art nouveau era la Casa Batlló, el estilo azteca era una simple pirámide centroamericana y la muerte era un cementerio. Todos los tópicos sobre estas cosas desaparecen una vez he jugado a ‘Grim fandango’, un juego donde los muertos están más vivos que los propios vivos. Existe una creencia azteca que reza que, una vez morimos, nuestras almas vagan en la tierra de los muertos durante cuatro años hasta que viajamos al noveno mundo, teoría mitológica realmente interesante. Pues bien, Manuel Calavera es un agente de viajes en la tierra de los muertos; su oficio consiste en ir a la tierra de los vivos, llevárselos a su oficina en la tierra de los muertos y, una vez allí, venderles un viaje al noveno mundo. La venta será un viaje en el Número 9 (un clásico tren de lujo), en un transatlántico, en un coche deportivo o, si el muerto ha sido poco pudiente en vida, un línea Excelsior (nada más y nada menos que un simple bastón con brújula). El juego está dividido en cuatro años, que son los previos al noveno mundo.
Lo fascinante del juego es su decoración, toda una muestra de combinación de art déco mexicano con el art nouveau europeo, sazonado con elementos de la civilización maya y azteca que, por extravagante que suene, combina verdaderamente bien y son todo un placer para nuestras retinas e invitan a indagar más en los estilos, como ha sido mi caso, ya que ahora mismo escribo estas líneas fascinado por un estilo artístico tan original como el art déco.
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