Nosolomusica

El PP y las pollas

Cada vez lo tengo más claro: el Partido Popular encaja poco en una sociedad civilizada. Al menos, en lo que debe ser una sociedad civilizada hoy.

Al margen del trato hacia la sexualidad no heterosexual, el apoyo a grandes potencias para sabotear petróleo y el arte para manipular medios de información, este partido siempre se ha caracterizado por la desesperada búsqueda del pensamiento único a través de sus ministerios de no cultura, incultura más bien. Y lo sigue haciendo desde la oposición, adoctrinando a sus fieles, instruyéndoles en el arte de incluir el nombre de su rival político en cualquier crítica o, en su defecto, el mote de marras de su líder, “ZP”.

Leo en un confidencial de derechas (como todos, creo), el siguiente titular: El Gobierno de Extremadura patrocina con fondos públicos dos libros pornográficos con modelos que representan a Jesucristo y la Virgen.

Extracto:

Dirigentes del Partido Popular en la región han criticado a este diario que la Junta de Extremadura, a través de la Editora Regional dependiente de la Consejería de Cultura, utilice fondos públicos para sacar a la luz dichas imágenes que, en su opinión, suponen “una ofensa, un atentado grave hacia la sensibilidad ética y estética de casi todos los extremeños y, también, de casi todos los españoles.

¿De casi todos los españoles o de todos los votantes del PP? Es evidente que la obra es claramente provocadora y transgresora, pero es arte (que un servidor se ha cenado muchas ediciones del programa que da nombre a esta página). Según la cultura personal de cada uno y sus ganas de perder el tiempo, esta obra puede provocar más o menos. A mí, particularmente, me ha parecido una obra más, con sus pollas y sus tetas, esta vez erectas, nada discordante ante los ojos de alguien con un mínimo de historia del arte.

Claro, que en un votante del PP, la cosa se eleva a la enésima potencia. Si un apolítico le puede escandalizar esta obra, a un votante del PP se le puede escapar el alma por la boca al verlas, no olvidemos que es un partido religioso. Y como la palabra religioso va acompañada de violencia verbal (más cuando esa religión es la católica romana), sólo hay que ver u oir las reacciones de un militante del partido ante la noticia: la culpa es del PSOE.

¡La culpa! Como si se hubiese subvencionado con fondos públicos un asesinato. Ay, mira, no puedo decir nada, que esa última frase se puede volver en mi contra desde un teclado de la calle Génova. Me anticipo, por si no me explico: el PSOE subvenciona a ETA y José Luís Rodríguez Zapatero es el culpable del terrorismo en España porque, además de ser un tonto y un inútil, es amigo de los terroristas.

Es una lástima que, en lugar de expertirse en la labor del derechismo radical, no se invierta más tiempo por parte de algunos en la reflexión y el amor al arte.

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Grim fandango

No me he muerto, no me he cansado de la página, no me he ido, no he enfermado, no me ha pasado nada… Ehm, en realidad es eso último lo que explica la paralización de la página y la consiguiente bajada del ranking de Google de la palabra “nosolomusica”, ya que estos días estoy ¡en la quinta página! Incluso por detrás de páginas que ni siquiera existen. Me voy a calmar.

De todas formas creo que, desde que he estado ausente, han pasado cosas demasiado importantes. No voy a hacerme eco de la noticia del Windsor, paso de recordaros que hoy es el día de San Comercialín, aquí no os hablaré de cosas que estén de moda sólo porque estén de moda. Hay cosas importantes en la vida, deberíais saber que ‘Tómbola’ está pendiente de un regreso a la televisión y vuestras vidas están intactas por la ajenidad a la noticia y yo me desvivo en un sinvivir por ello. Me voy a calmar.

¿Por qué todos los programas que me gustan empiezan bien y acaban mal? ‘Homo zapping’ ya no hay quien lo vea, se volvió chabacano y estúpido hasta la saciedad en cuanto tuvieron éxito; ‘Buenafuente’ comenzó aceptablemente (sus anteriores programas en TV3 fueron mucho mejores) en Antena 3 y ahora me da pereza ver su programa por culpa de las entrevistas, que son demasiadas y aburridas; ‘Caiga quien caiga’ está claro que su anterior etapa fue mejor pero, aunque me gustó el comienzo de hace varias semanas, han empeorado notablemente (no puedo creer que Déborah Ombres haya perdido toda su ironía sólo por pisar una cadena en abierto, ¿dónde está toda esa agresividad que tenía en MTV?); ‘7 vidas’ sin Javier Cámara es un pastelería con productos sin azúcar y sin Blanca Portillo ya es sin chocolate; ‘Versión española’ cada vez pone películas peores. En la televisión se supone que, cuanta más competencia exista, más aumenta la calidad de los programas… ¿cómo? ¡Pero si cada vez son peores! Pues eso digo yo. Entonces la teoría se invierte: en televisión, cuanta más competencia exista, más se degradarán los contenidos. ¡Hostias! ¡Pero si muy pronto Canal Plus será en abierto! ¡Y además van a conceder varias licencias de televisión más! Siento verdadero pánico, este país, como diría el padre del chico raro de ‘American beauty’, va directo al desastre. Pongo pies en polvorones (Gomaespuma dixit) y, repito, me voy a calmar.

Grim Fandango

Siento que un juego de ordenador ha cambiado un poco mi vida estos días. Se llama ‘Grim fandango’ y a los que habéis jugado os traerá pesadillas a la cabeza ya que es un juego imposible de solucionar sin una guía. De todas formas, su decorado es tan espectacular que me da igual la dificultad del juego. Tanto es así que estos días sólo he jugado para ver el decorado y los paisajes que, después de tantos años de su lanzamiento, siguen asombrándome asombrosamente. Para mí, antes de comprarme el juego, el art déco era la cima del Chrysler, el art nouveau era la Casa Batlló, el estilo azteca era una simple pirámide centroamericana y la muerte era un cementerio. Todos los tópicos sobre estas cosas desaparecen una vez he jugado a ‘Grim fandango’, un juego donde los muertos están más vivos que los propios vivos. Existe una creencia azteca que reza que, una vez morimos, nuestras almas vagan en la tierra de los muertos durante cuatro años hasta que viajamos al noveno mundo, teoría mitológica realmente interesante. Pues bien, Manuel Calavera es un agente de viajes en la tierra de los muertos; su oficio consiste en ir a la tierra de los vivos, llevárselos a su oficina en la tierra de los muertos y, una vez allí, venderles un viaje al noveno mundo. La venta será un viaje en el Número 9 (un clásico tren de lujo), en un transatlántico, en un coche deportivo o, si el muerto ha sido poco pudiente en vida, un línea Excelsior (nada más y nada menos que un simple bastón con brújula). El juego está dividido en cuatro años, que son los previos al noveno mundo.

Lo fascinante del juego es su decoración, toda una muestra de combinación de art déco mexicano con el art nouveau europeo, sazonado con elementos de la civilización maya y azteca que, por extravagante que suene, combina verdaderamente bien y son todo un placer para nuestras retinas e invitan a indagar más en los estilos, como ha sido mi caso, ya que ahora mismo escribo estas líneas fascinado por un estilo artístico tan original como el art déco.

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Lo que me interesa

El cine que me gusta

Ya no se hacen películas así.