Acabo de terminar de hablar con ellos hace unos minutos, y me duele la cabeza de la ansiedad que me entra no poder hacer entrar en razón a Ono.
Os cuento. Hace unos meses, mother se dio de baja de Ono, porque se fue a vivir a Valencia y yo no sabía si iba a retomar la línea de Ono. Cuando lo decidí y me di de alta, fui a la tienda que hay cerca de casa a preguntar cuál era la oferta mínima, y me ofrecieron la oferta de 32 euros mensuales en concepto de Internet de 2 megas y teléfono, y la chica se tiró a la piscina diciendo que las llamadas a fijos eran gratis, y esto último se lo repregunté veinte veces, y me dijo que sí.
La primera en la frente: las llamadas a fijos se me facturaban. Cuando llamé al sudaca de atención al cliente, me dijo que era un error que no era culpa de ellos, y que no podía hacer nada. Yo le dije que su error me estaba costando dinero a mí, pero nada, fueron 15 minutos de mi vida tirados. Fui a la tienda a reclamarlo y me pusieron un teléfono que conecta con Valencia, y ahí una chica española lo entendió a la primera y procedió a descontarme la pasta que había consumido.
Poco después de esa trastada, vino una nueva aventura: un comercial argentino me interrumpe una deliciosa tarde para decirme que me ofrecían la televisión esencial de Ono por 3 euros más al mes. Todo muy efusivo, soltando su rollo comercial sin dejarme apenas hablar, que si sí o si no, y yo lo dudé un poco y, después de preguntar si había algún cargo adicional y sólo eran 3 euros, me dijo que sí, así que acepté.
Aparte de decir que la tele esencial de Ono es una puta mierda y que el videoclub Ojo es más puta mierda todavía, el decodificador falla más que una escopeta de feria. Y hablo con conocimiento de causa, porque ya es el segundo que tengo en casa, y siempre hace cosas raras.
Pues bien, la siguiente patada en el ojete que me ha dado Ono ha sido hoy, cuando hace unos días me fijé en las facturas que me estaban llegando. Resulta que estaba pagando una cuota mínima de 47 euros en mayo y 38 euros en junio. Si echamos cuentas, que alguien coja una calculadora: 32 euros (que era mi cuota) y 3 euros (en concepto de televisión, según el argentino), son 35 euros. Pues para Ono son 38.
En la factura, te meten conceptos raros que nadie entiende, como el mantenimiento de wifi (cuando hace un año el wifi funcionaba mal, lo mantuvieron poco, dijeron que me comprase otro router), un descuento de fidelización por aquí, que si cuota de no sé qué por allá… A lo tonto hacen lo que hace Le Telephonique D’Espagne, te meten conceptos a cascoporro que ellos se inventan y te los cobran.
Total, que voy a la tienda a solucionarlo y la primera sorpresa es que el famoso teléfono que tenían para comunicarte con Valencia sin pasar por Chile ya no está (en su lugar hay una mesa con una TFT con el Explorer mostrando Google.es y un triste ratón al lado). Así que la chica se toma mis datos y mi teléfono, qué menos.
Y hace un rato, recibo la llamada de Ono, desde un 963 (Valencia). Bien, es una chica española, que parece que entiende su trabajo (he llamado decenas de veces al 902 y los chilenos jamás me han ayudado en nada). Me pregunta lo que me pasa y le explico lo más fácil y llano del mundo: yo pagaba 32 euros al mes, me ofrecieron la tele esencial por 3 euros sin gastos adicionales y la cuota debería ser de… (redoble) …¡35 euros! Sumar 32 y 3, da 35, y no 38 ni 47. La chica me explica que son 38 euros porque el paquete de televisión esencial con teléfono e Internet vale 38 euros, y yo le digo que muy bien, pero que a mí me dieron otra información. Pues la muy hija de puta se cerró en banda y me empezó a decir que “lamentaba el malentendido, pedía disculpas si me habían informado mal, pero que no podía devolverme la cantidad que me habían cobrado de más, porque yo tenía contratado un paquete nuevo que vale 38 euros”. Y le intenté explicar que su error no era mi problema, que yo acepto las disculpas, pero su error me cuesta mi dinero, y no quiero regalarle dinero a nadie. Total, que la chica no iba a salir de sus trece, así que le dije que quería dejar constancia de la reclamación y que me diesen de baja la televisión.
Cuando suena la musiquilla de transición entre operadores y escucho que se presenta a las buenas tardes una señora chilena entrada en años, me acojoné. Pensé “ya está, de esta no salgo”. Me veía en el despacho del presidente de Ono decapitándolo con un sable a lo ‘Kill Onos Bill‘, leyendo de rodillas y en voz alta ante su cadáver sangriento las condiciones de contratación de la televisión esencial.
Pues esta señora chilena, que tanto me acojonó, me preguntó muy amable y atentamente por qué quería dar de baja el servicio de televisión. Yo, muy amable y atento, también, le contesté que Ono me la había dado con queso y que no estaba dispuesto a pagar la tarifa que me piden, ya que a mí el comercial me dijo otra cosa. Y tan simple como eso, la mujer enseguida me preguntó cuál era la cantidad y le contesté que 15 euros, que se me habían cobrado de más. Y este miércoles vendrá a mi casa un señor, se llevará ese trasto que llaman decodificador y nunca más sabré del videoclub Ojete de Ono ni del canal Huevofrito. En la factura se reflejará el descuento de 15 euros que me han intentado chorizar y volveré a ser un cliente de Ono amargado porque la velocidad que ofrecen no es la que tengo, pero bueno, ha sido el pan de cada día, y es una satisfacción al lado de las putadas que me han hecho durante varios años.
El día que sea rico, me pondré Telefónica. Serán caros de la hostia, pero no hay empresa que me haya tratado mejor por teléfono, tanto cuando tenía Telefónica como cuando tenía Movistar. Y Ono… Ono será una pesadilla del pasado. Hasta entonces, seguiré asomándome a la red a través de mi lento barquito de fibra óptica.